¿Dónde estaba Dios?

Cruz DalíMuchísimos creyentes se hicieron esta pregunta durante la catástrofe y seguramente se la han repetido en este aniversario. Los mismo “Jaivas”, que experimentaron esta catástrofe en carne propia, pudieron haber interpretado en su actuació conmemorativa en Talcahuano su tema “¿Dónde estabas tú?”, dirigiendo esta pregunta a Dios y adecuando la letra a las circunstancias.

Para intentar responderla voy a recurrir a un pasaje escalofriante escrito por el judío Elie Wiesel, sobreviviente del campo  de exterminio de Auschwitz-Birkenau, ubicado en Polonia, en su novela “La Noche”. En ella dice: “Allí, ante la huida de unos reclusos, otros tres, dos adultos y un niño, elegidos arbitrariamente, fueron condenados a ser ahorcados. Los mandos del campamento se negaron a hacer de verdugos. Tres hombres de las SS aceptaron ese papel. Tres cuellos fueron en un momento introducidos en tres lazos. ‘Viva la libertad’, gritaron los adultos. Pero el niño no dijo nada. ‘¿Dónde está Dios? ¿Dónde está?’ preguntó uno detrás de mí. Las tres sillas cayeron al suelo… Nosotros desfilamos por delante…, los dos hombres ya no vivían…, pero la tercera cuerda aún se movía…, el niño era el más liviano y todavía agonizaba retorciéndose en la horca… Detrás de mí oí que el mismo hombre preguntaba: ‘¿Dónde está Dios ahora?’ Y dentro de mí oí una voz que me respondía: ‘¿Que dónde está? Ahí está, colgado de la horca”. Sin entrar a discutir la historicidad de este relato, la pregunta es válida: ¿Dónde estaba Dios en el horror de los campos de concentración? Y aplicado a nuestra realidad: ¿Dónde estaba Dios en el terremoto y en el subsiguiente maremoto?

Para empeorar las cosas, paradójicamente en las lecturas bíblicas de la Iglesia Católica del domingo pasado, justo cuando se conmemoraba un año de la tragedia, la del Antiguo Testamento decía: “Pero dice Sión: ‘El Señor me ha abandonado, se olvidó de mí’. ¿Pero acaso una mujer olvida a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido (Isaías 49,14-15). Y el evangelio versaba sobre el abandono y confianza de la comunidad creyente en la providencia divina (Mateo 6,24-34), es decir, en la preocupación solícita de Dios por cada uno de nosotros. ¿No son estas lecturas una contradicción flagrante con la catástrofe padecida? ¿No son una burla cruel de un Dios trascendente y lejano? ¿Se tratará de un Dios sádico que se complace con el sufrimiento de los hombres y nos quiere conducir a la desesperación para deleitarse en ella?

¿Dónde estaba Dios? Para el judío Wiesel Dios estaba colgado retorciéndose en la horca. Para nosotros los cristianos, Dios está en Jesucristo colgado retorciéndose en la cruz.

En una visita pastoral que hizo Benedicto XVI al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau el 28 de Mayo del 2006, a propósito de un convento de religiosas carmelitas que hay en las cercanías, decía que ellas “conscientes de estar particularmente unidas al misterio de la cruz de Cristo, nos recuerdan la fe de los cristianos que afirma que Dios mismo ha descendido al infierno del sufrimiento y sufre juntamente con nosotros”

¿Dónde estaba Dios? Dios estaba en la cruz de Jesucristo muriendo con todos los que murieron, ahogándose con todos los que se ahogaron, sufriendo con todos los que sufrieron y aún lo hacen. Dios en Jesucristo ha hecho propio, ha incorporado el sufrimiento humano para que nunca nadie más sufra en soledad. El Dios de Jesucristo es un Dios que sufre con el ser humano, pero que no sucumbe ante el sufrimiento ni ante la muerte. No queda atrapado por ellos. Si fuera así, no podría hacer nada por nosotros. Sin embargo, vence el sufrimiento y la muerte por medio de la resurrección, triunfo que comparte con nosotros ya en esta vida. Es esta esperanza cierta en el triunfo de la vida que Dios nos regala la que nos consuela, nos anima e incluso nos alegra, pues nos permite levantarnos, reconstruirnos como seres humanos y como sociedad, y nos proporciona la capacidad de transformar los signos de muerte y destrucción en semillas de resurrección.

Columna publicada en El Sur, domingo 6 de marzo de 2011 y escrita al cumplirse un año del terremoto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: