Ángeles y pastores

Litúrgicamente, el pasaje que el calendario trae para la “Misa del gallo” es el de Lc 2,1-14. Es ampliamente conocido que los así llamados relatos de la infancia que traen sólo Mateo y Lucas que, entre paréntesis son bastante distintos entre ellos, no son narraciones histórico-biográficas, sino composiciones teológicas a modo de “sinopsis”, es decir, buscan presentar desde un principio la identidad profunda de Jesús.
Hay un tema de ese relato de Lucas que me gustaría resaltar porque es un elemento fundamental de la vivencia cristiana: la alegría. Para empezar hay que decir que poco tiempo después de la muerte y resurrección de Jesús lo que él hizo y dijo fue conocido con el nombre de “evangelio”, es decir, “buena noticia” y las buenas noticias lo son porque producen alegría, no por decreto.
¿En qué consistía la buena noticia? En que había llegado la salvación tan anhelada por judíos y también por paganos, pero, paradójicamente, la salvación no venía de un héroe, como Hércules, sino de “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,7.12), considerando que pesebre no era la imagen romanticona que nosotros tenemos sino un comedero para animales. Ese niño impotente y desprotegido es llamado Salvador, Mesías y Señor: ¡Un completo absurdo! Pero ¿quién dijo que Dios es lógico? El poder de Dios se manifiesta en lo pequeño, lo humilde, lo sin importancia, basta con leer el Magnificat que también está en Lucas (1,46-55).
Pero vamos a nuestro tema. El texto dice: “Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les presentó y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces sintieron mucho miedo, pero el ángel les dijo: No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para ustedes y para todo el pueblo. Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de repente se reunieron con el ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor” (Lc 2,8-14). Aparecen ángeles y pastores, que constituían dos polos opuestos, pues los pastores eran considerados lo más bajo en el escalafón social. Se creía que eran bandidos, ladrones y que el ganado que tenían era fruto del pillaje. A ellos se les anuncia la alegría, la que también se manifiesta en el cántico de alabanza de los ángeles, con lo que se quiere decir que la alegría por el nacimiento del Salvador abarca desde lo más alto a lo más bajo. Es una alegría cósmica de la que nadie queda excluido. Cualquiera puede disfrutar de ella. Basta con abrir la existencia al poder que se manifiesta en un impotente y cuya señal es que se trata de un niño envuelto en pañales recostado en un comedero de animales. Ese niño, además, nos muestra que cualquiera que pretendiendo ser discípulo del Señor busque el poder, el prestigio y la fama es todo lo contrario a Cristo: es un Anticristo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: