La imprescindible formación

Jesús discípulosNada más apropiado que esta página sobre formación para reflexionar sobre la importancia de la formación, tomando en cuenta que en nuestra vivencia eclesial, especialmente en el ámbito de la pastoral, con tanta frecuencia la hemos mirado en menos. En algún momento se instaló una falsa y dañina contraposición entre lo pastoral y lo teológico, la que, gracias a Dios, está empezando a ser superada, como lo prueba esta misma sección llamada “formación bíblica” en un boletín de corte pastoral.

La tarea de anunciar la Buena Nueva traída por Jesucristo supone formación y cierto grado de maduración. Se podría establecer el siguiente principio: la buena voluntad es necesaria aunque no suficiente. Dicho más directamente, la sola buena voluntad es fuente de múltiples errores que nos pueden llevar a vivir equivocadamente la fe. No debemos olvidar que somos cristianos no sólo porque intentamos seguir a Jesús sino porque creemos en el Dios de Jesús, es decir, en el Dios que Jesús nos transmitió por medio de su predicación y de sus acciones. Y para eso tenemos que conocer lo que Jesús dijo e hizo, interpretándolo correctamente. Tres puntos quisiera someter a la consideración de los lectores en referencia a la formación:

1º La relación Jesús-discípulos. Lo primero que hizo Jesús al iniciar su ministerio público, que lo inició entre paréntesis teniendo sobre treinta años, fue reunir a un grupo de hombres con los que mantuvo una relación de maestro-discípulos (ver Mc 1,16-19; 3,13-19), lo que supone que Jesús los instruía tal como lo hacen los maestros con sus discípulos. Además, Jesús asoció a sus discípulos como colaboradores en su ministerio de evangelizar (= anunciar la buena noticia) la cercanía del Reino de Dios, formándolos para este propósito: “Con muchas parábolas como éstas Jesús les anunciaba el mensaje, adaptándose a su capacidad de entender. No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, les explicaba todo en privado” (Mc 4,33-34). Luego, en Mc 6,6b-13 aparece la misión de los doce. Jesús, por tanto, llama (vocación), forma (formación) y envía (misión). Los discípulos de aquel entonces como los de todos los tiempos tenemos que ser formados en la escuela de Jesús. No se puede salir a la misión sin haber sido formado porque como dice el antiguo y sabio proverbio latino nemo dat quod non habet = nadie da lo que no tiene.

2º La 1ª Carta de Pedro 3,15 dice: “Por el contrario, den gloria a Cristo, el Señor, y estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que le pida explicaciones”. A esto se dedica precisamente la teología: a dar razón de la fe que, en el presente caso, se puede considerar como sinónimo de esperanza. La teología es el esfuerzo creyente por mostrar que es razonable creer. Esto no significa que para ser cristiano haya que necesariamente ser teólogo, pero sí que es necesario tener una formación suficiente como para dar razón de la esperanza que es el motor de la existencia cristiana. Y esta carta nos dice incluso cómo debemos hacerlo: “Háganlo, sin embargo, con sencillez y respeto, como quien tiene limpia la conciencia. Así, quienes hablan mal de su buen comportamiento como cristianos, se avergonzarán de sus calumnias” (1Pe 3,16). Es decir, sin altanería ni autoritarismo.

3º El Documento de Aparecida ha recogido ampliamente el tema dedicándole el capítulo 6 “El itinerario formativo de los discípulos misioneros” y una parte del mensaje final de los obispos del que es más que suficiente citar lo siguiente: “Todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea”. Esto, a su vez, ha sido asumido por la Misión Continental, la Misión Continental en Chile y las Orientaciones Pastorales 2009-2013 de nuestra Arquidiócesis, especialmente en los números 92-95.

Para finalizar, recordar el bello y esperanzador ejemplo del reciente Seminario Bíblico sobre San Pablo organizado por el Instituto de Teología en conjunto con el Arzobispado, que nos mostró en la práctica cómo teología y pastoral se necesitan y complementan recíprocamente. La acción necesita de la reflexión para no equivocar el camino y la reflexión necesita de la acción para no reducirse a una inútil pirueta intelectual.

Una respuesta a La imprescindible formación

  1. Hoy h edescubierto esta página y a este pensador y maestro, su pedagogía es simple, clara y va al centro en lo humano y en Cristo.

    Gracias, Dios lo siga bendiciendo e iluminanodo

    maría elena sarriegui

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