¿Acogida o construcción del Reinado de Dios?

Acogida reinadoNuevamente me refiero a este tema debido a la amplitud que tiene en nuestros ambientes eclesiales y pastorales la expresión “construir el Reino de Dios”. Para no dejar lugar a dudas parto con la siguiente afirmación categórica: no somos constructores del Reino de Dios. La formulación “construcción del Reino” es poco feliz y, para decirlo de una vez, equivocada. Las razones son múltiples, mencionaré sólo tres.

1ª No hay ni un solo texto bíblico que hable de la construcción del Reino ni de una idea que se le asemeje.

 

2ª El término “evangelio”, que viene del griego y que significa “buena noticia”, era ya utilizado por el Antiguo Testamento para significar las intervenciones salvíficas de Dios, por las cuales Dios liberaba a su pueblo de alguna opresión o lo salvaba de algún peligro. Los textos más importantes que usan este término son los del Déutero-Isaías (Is 40-55), libro que fue escrito cuando el pueblo de Israel se encontraba cautivo en el exilio en Babilonia. A este pueblo se le anuncia la buena noticia de que Dios empezará a reinar, lo que tendrá como consecuencias la liberación de ese cautiverio y el retorno a la Tierra Prometida. Que Dios reine es una excelente noticia porque su acción de reinar libera, sana y salva. Un texto clarísimo al respecto es Is 52,7-10: “¡Qué hermosos son sobre los montes / los pies del mensajero que anuncia la paz, / que trae buenas noticias, / que anuncia la salvación, / que dice a Sión: “Ya reina tu Dios”! / ¡Una voz! Tus vigías alzan la voz, / a una dan gritos de júbilo, / porque con sus propios ojos / ven el retorno de Yahvé a Sión. / Prorrumpid en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén / porque Yahvé ha consolado a su pueblo, / ha rescatado a Jerusalén, / ha desnudado Yahvé su santo brazo / a los ojos de todas las naciones, / y todos los extremos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios”. Dar la buena noticia (o evangelizar) significa entonces anunciar que Dios viene como Rey. El contenido de la buena noticia o evangelio es Dios viene a reinar. Esto es el Reinado de Dios: la acción de reinar de Dios. Y las acciones no se construyen sino que se ejecutan, se realizan. El “de Dios” indica que el que realiza la acción de reinar es Dios.

 

En los evangelios, Jesús es como el mensajero del texto de Isaías, aunque con una gran diferencia: no sólo anuncia sino que inaugura esa acción de gobierno de Dios. En la predicación y actividad de Jesús se ha iniciado la acción sanadora y salvadora de Dios en el mundo. Jesús nos revela el misterio del Reino de Dios: quien reina no es meramente un rey sino un Padre, nuestro Padre. Un Padre lleno de amor y misericordia que busca lo que está perdido y se alegra al encontrarlo (ver las tres parábolas de Lc 15). Jesús nos muestra que Dios Padre ejerce su soberanía sobre nosotros por medio de la misericordia. Donde haya misericordia, perdón, reconciliación allí, está Dios reinando.

 

3ª Dios, a partir de Jesús y con el poder del Espíritu Santo, ha empezado a reinar en el mundo, pero su acción todavía no lo abarca todo; por eso decimos que el reinado de Dios ya está presente, pero todavía no en plenitud. Llegará el momento en que se manifieste en toda su gloria y esplendor. El reinado está en un proceso de crecimiento y desarrollo conocido sólo por Dios. Ese crecimiento y plenitud es la que el Señor nos enseñó a pedir en el Padre Nuestro: “venga a nosotros tu Reino”, es decir, “ven Tú a reinar sobre nosotros porque eres nuestro Padre amoroso y misericordioso”. No nos enseñó a decir: “Ayúdanos a construir tu reino”.

 

¿Qué nos corresponde a nosotros como iglesia, como comunidad de creyentes? ¿Hay algo que tengamos que hacer? Por supuesto que sí, recibir, acoger la acción de Dios en nuestras vidas y esto no es poco. Porque también la podríamos rechazar, como muchas veces de hecho lo hacemos. El Concilio Vaticano II dice: “La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo (cf. Mc 4,14): quienes la oyen con fidelidad y se agregan a la pequeña grey de Cristo (cf. Lc 12,32) ésos recibieron el reino” (Lumen Pentium 5). El Concilio habla de recibir, no de construir el reino. Y un poco más adelante: “Por esto la Iglesia… recibe la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino”, es decir, la Iglesia no es el reino, sí es su germen y principio. Y ella debe anunciarlo e instaurarlo, es decir, hacerlo presente. La Iglesia debería ser el lugar donde Dios reina sin resistencias. La Iglesia como punta de lanza de la acción misericordiosa de Dios en el mundo. La Iglesia como signo visible de la acción salvífica, liberadora y sanadora de Dios en el mundo.

Nosotros no somos los constructores sino los alegres mensajeros, testigos e instrumentos del amor misericordioso de Dios Padre. Así como Jesús, nosotros deberíamos hacer presente la acción cariñosa de Dios en el mundo y así conquistar a otros para que abran sus vidas a la acción de Dios, al Reinado de Dios. De ahí que podamos cantar a todo pulmón: “Anunciaremos tu Reino Señor”.

3 respuestas a ¿Acogida o construcción del Reinado de Dios?

  1. Después de María Santísima, el primero en acoger el Reino de Dios en Jesús, fue San José, que queriendo serle fiel a Dios, estaba dispuesto a abandonar a María en secreto.
    Dios le confía una misión de salvación al Justo y le ayuda en las vicisitudes, porque ve que lucha por serle fiel en todo momento, Dios le guía en su conciencia.
    Para anunciar el Reino de Dios, hay que acogerlo completamente y se acoge adhiriéndose a su mensaje generosamente.
    La voluntad de Dios se manifiesta en el que es fiel. La Salvación se le confía como misión Divina, no humana.
    La obra es de Dios, nosotros somos mediadores en Jesús y nuestra fidelidad se realiza en el seguimiento.

  2. RICHAR PARRA dice:

    El Reino de Dios esta entre nosotros.
    Cuando Cristo sea en todo y este en todo, veremos el Reino de Dios, se terminará las grandes cegueras.
    Nosotros debemos Anunciar el Reino y ser fieles a la promesa y a la nueva alianza, hecha por nuestro Señor.

  3. abravo dice:

    En primer lugar, no sabía que determinados grupos gobernaran parroquias. Las parroquias son entregadas a sacerdotes diocesanos o a congregaciones religiosas, pero, hasta donde yo sé, no a grupos.

    Cordialmente,
    Arturo Bravo

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