Jonás, el profeta idiota

jonasEntre los libros proféticos se encuentra Jonás, un breve libro de cuatro capítulos, al que, lamentablemente, identificamos sólo por el episodio de “la ballena” y, para peor, mal identificado, porque el texto hebreo y las biblias en general hablan de “un gran pez” y en ninguna parte de ballena. Pero el libro de Jonás es bastante más que esto.

Se puede considerar una parábola en la que se narran las desgracias y rabietas de un profeta a quien Dios le ha encargado ir a Nínive a proclamar un mensaje contra la ciudad por su maldad (ver Jon 1,2). Jonás se levantó con rapidez… pero no para cumplir su misión sino para huir lejos del Señor: fue a un puerto y compró un pasaje en un barco que iba para el lado contrario al que había sido mandado. El Señor, por su parte, desató una gran tempestad que terminó con Jonás en el vientre de un gran pez, el que, por orden del Señor, después de tres días lo vomitó en tierra firme (2,11) (siempre me he preguntado por qué sencillamente no lo dejó en tierra firme, sino que lo “vomitó”, quizá ni siquiera el monstruo marino fue capaz de soportar el amargor del profeta: le produjo acidez). Después de tan contundente experiencia, y quizá para evitar otras peores, Jonás fue finalmente a Nínive, y proclamó: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (3,4). Nínive fue la capital del imperio asirio, imperio guerrero famoso en el antiguo oriente por su crueldad y responsable de la destrucción del Reino del Norte (Israel) el año 721 a.C. La reacción de los crueles ninivitas fue, por decir lo menos, sorprendente: creyeron lo que Dios decía, decretaron un ayuno seco que incluía hasta a los animales, se vistieron de penitencia y se convirtieron de sus malas acciones. Dios, por su parte, al ver esta reacción, retiró el castigo anunciado. Jonás bien podría ocupar un lugar destacado en el libro de records Guiness como el profeta más exitoso de toda la Biblia: convirtió a una ciudad de habitantes brutales con una sola frase. Pero Jonás, lejos de alegrarse con tal éxito, se enfurece a tal punto que le ruega a Dios que le quite la vida, explicándole tanto la causa de su huida como la de su furia: “Porque sé que eres un Dios clemente, compasivo, paciente y misericordioso, que te arrepientes del mal que prometes hacer” (4,2). La causa de la ira de Jonás es la misericordia de Dios, porque lo que el profeta esperaba era que cumpliera su palabra de destruir la ciudad, incluso se instaló fuera de ella para ver tal destrucción. El libro termina con una pregunta en la que Dios defiende su misericordia y confronta a Jonás con su mezquindad, con su idiotez.

La figura de Jonás se presenta como la de un profeta idiota de idiotas[1], es decir, como el portavoz de los que se fijan sólo en sí mismos, en su propia identidad, concebida como algo estático y autorreferido. Jonás es una crítica aguda y feroz a una forma equivocada de creer: la que busca “nacionalizar” a Dios, hacerlo propiedad de nuestra nación, grupo o movimiento. Pero el libro de Jonás nos muestra que Dios no es el que nos fabricamos, sino el Absoluto, el Trascendente, el que no podemos hacer a nuestra medida, según nuestros intereses. Es el Dios nuestro y también el de nuestros enemigos o de aquellos a quienes despreciamos… aunque nos duela.

Jesús es todo lo contrario a Jonás. Jesús exulta de alegría porque derrama la misericordia de Dios a todos y a manos llenas. Él no busca la destrucción sino la conversión. Y la Iglesia, siguiendo las huellas de su Maestro, es todo lo contrario a idiota: es católica, es decir, universal. La Iglesia, como Jesús, no es para sí misma sino para el mundo. Ella es la alegre mensajera de la misericordia y salvación de Dios universal. Y si no es así deja de ser la Iglesia de Jesús para convertirse en la Iglesia de Jonás.

Emulando humildemente el libro de Jonás, termino este artículo con una pregunta: ¿Cuánto de Jonás hay en mí, en mi grupo, en mi comunidad, en mi concepto de Iglesia?


[1] “Idiota” viene del griego ídios que significa “lo propio”, idiota, por tanto, es todo el que ve y se preocupa sólo por lo propio, no es capaz de ver más allá, a los otros.

6 respuestas a Jonás, el profeta idiota

  1. José Johnson dice:

    Desgraciadamente, creo que hay mucho de Jonás circulando por nuestra iglesia aún, sobre todo en los que se ven a sí mismos como mejores que los demás, privatizando a Dios y haciéndolo a su imagen y semejanza. Aprovecho de recomendar el libro de Bravo sobre Jonás y Jesús, para descubrir con mayor profundidad el sentido de este libro. Paz y bien.

  2. No sé porqué este Jonás me hace recordar el fenómeno televisivo de “Pelotón”.
    Un grupo de “re-clusos-mentales” que juegan a ser auténticos, sensibles, fuertes héroes y forjadores de su destino con aspiraciones intrascendentes.
    Creo que a estas alturas, no les molesta hacer el papel de idiotas, ni como protagonistas, ni a otros, como espectadores.
    Como protagonistas, los soldaditos de la farándula creen ir en dirección opuesta a lo absurdo y sin sentido, pero el dios TV los lleva donde él quiere… al soberano ridículo para matar el aburrimiento.
    Cuando parece que da el gusto a los espectadores, que se creen que realmente participan en el curso y destino de los “pelotitos”, resulta que se teje una trama maquiavélica para tener a los televidentes dentro de este gran pez de la obsesión expectante, sufriendo penitencia por culpa de las intrigas y jueguitos emocionales de los re-clusos.
    En definitiva, el tejido de yoísmo que se teje dentro de la base y el que se teje fuera de ella, los convierte en perfectos idiotas que sólo se miran a si mismos, haciendo cualquier cosa, menos lo que Dios grita en su conciencia dormida.
    Si la filosofía de vida cotidiana apunta a hacer lo que se nos antoja y esperar sentados los resultados estimados, creo que no estamos dando cabida a Dios.
    En esta vida dentro del gran pez, re- clusos de mente y corazón, malhumorados por las vicisitudes de la vida, difícilmente podemos hacer caso a Dios.
    ¿Qué ocurrirá cuando caigamos en la cuenta de nuestra idiotez frente a Dios?, Cuando, con toda autoridad nos envíe de vuelta y contemplemos malhumorados su voluntad y no la nuestra?
    Si no hacemos el ejercicio de vida sobria en lo personal y dadivosa en la entrega a los demás, creo que terminaremos dentro del gran pez, espero que purgando todas nuestras idioteces, gracias a la misericordia divina.

  3. israel dice:

    hermanos disculpen pero la biblia si dice que fue una ballena la que se comió a Jonás por favor lea el libro de Mateo

  4. abravo dice:

    En el texto hebreo de Jonás 1,17 aparece la expresión “dag gadol” que significa literalmente “gran pez”. Por su parte, en Mateo 12,39.40, donde se cita este pasaje de Jonás, aparece el término griego “ketos” que significa “monstruo marino”. Ahora que la traducción de la Biblia que usted utiliza diga “ballena”, eso es otra cosa. Pero ni en hebreo ni en griego aparece el término “ballena”.

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  6. Juan pablo dice:

    Me encantó….

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