Cristo crucificado: ¿escándalo para los cristianos?

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El año pasado, por estas mismas fechas, fui invitado a un importantísimo colegio católico de la región a presentar un tema a sus profesores como preparación a Semana Santa. Les mostré una exposición gráfica en la que se detallaba con bastante crudeza la cruel práctica de la crucifixión y cómo pudo haber sido azotado y crucificado Jesús. El público quedó impactado y desagradado. En síntesis, la exposición no gustó. Yo también quedé impactado, pues en los ya casi treinta años que la presento, jamás había experimentado una reacción así. Recordé ese famoso texto de San Pablo, de especial relevancia en este año paulino que todavía celebramos, que dice: “Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Co 1,22-23). ¿Es que el anuncio de la cruz se ha convertido también para nosotros en motivo de escándalo?

Es cierto que la cruz incomoda y debe incomodar, porque si no fuera así seríamos o insensibles o masoquistas; pero ella se encuentra en el centro del anuncio cristiano junto al de la resurrección. Como he recordado en otras oportunidades, el Dios de nuestra fe no es lógico sino paradójico, según nuestra racionalidad. Por tanto, ni crucifixión sin resurrección; ni resurrección sin crucifixión: tenemos que dar cuenta de estos dos términos aparentemente opuestos.

Acostumbramos a interpretar la crucifixión desde la resurrección de Jesús, lo que está bien, pero incompleto; también debemos hacer el ejercicio de interpretar la resurrección desde la crucifixión de Jesús, porque el Resucitado no es otro sino el que fue crucificado.

Pablo anuncia el evangelio del Crucificado, pero ¿cómo anunciar al Crucificado puede ser una buena noticia (= evangelio)? Algo es claro y conviene repetirlo: no es por masoquismo. Una pista muy importante ofrece cuando afirma en Gá 3,13: “Pero Cristo nos ha liberado de la maldición de la ley haciéndose por nosotros maldición, pues dice la Escritura: Maldito todo el que cuelga de un madero” (cita tomada de Dt 21,23). Al ser crucificado, Jesús se convirtió en un maldito para la ley religiosa judía: la cruz lo coloca oficialmente fuera de la religión de su pueblo, religión en la que se creía que la salvación depende de las propias obras. Ahora bien, es a este marginado, a este maldito a quien Dios resucita, revelando con ello que quien tenía la razón era precisamente el maldito: “la piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra fundamental” (Sal 118,22; Hech 4,11; 1Pe 2,7). Y 1Pe 2,8 añade citando Is 8,14 “En piedra de escándalo (o tropiezo) y roca donde se estrellan”. ¿Por qué Jesús es motivo de escándalo y piedra de tropiezo? Justamente por su crucifixión que muestra que el salvador no es el hombre de éxito, sino el que humanamente ha fracasado estrepitosamente. Es la paradoja continua que celebramos a lo mejor sin darnos cuenta: en Navidad celebramos la salvación que nos llega en un niño (¿cómo nos va a salvar un niño?); en Semana Santa, la salvación que nos llega en un crucificado (¿cómo nos va a salvar un fracasado?). La buenísima noticia que nos revela la crucifixión es que el Reinado de Dios se empieza a desplegar desde lo pobre, lo humilde, lo sencillo (ver Lc 17,20-21). Dios manifiesta su salvación en lo que humanamente es un fracaso. La cruz de Jesús nos muestra que la salvación es gracia y no mérito, es decir, es ofrecida por Dios a todos, en especial a los que para nosotros son los últimos. Jesús en la cruz desciende a lo más bajo para que nadie, por más en el fondo que se encuentre, quede fuera de la oferta de salvación de Dios. El sacrificio de Jesús nos muestra la inmensidad e intensidad del amor de Dios por nosotros, que hace que el Padre entregue a su Hijo, y el Hijo encarnado se entregue completamente a sí mismo hasta el extremo de la “muerte, y muerte de cruz” (Flp 2,8). El sacrificio de la propia vida en favor de los demás constituye la expresión más radical del amor. El contemplar la intensidad de su sufrimiento nos debe llevar a comprender la intensidad de su amor.

Su cruz puede dar sentido a algo tan propiamente nuestro: el dolor. Por último, esa cruz nos debe ayudar a identificar e identificarnos con todos los crucificados de nuestro presente, para tratar de aliviar y alegrar la existencia de los que más sufren.

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Una respuesta a Cristo crucificado: ¿escándalo para los cristianos?

  1. El amor sin medida parece ser un escándalo para la comprensión humana, Pedro es el primero en preguntar sobre los límites del amor, pero Jesús le advierte que esos límites no son de Dios.
    Amar hasta que duela, parece ser un escándalo en la manifestación del amor humano, siempre el amor propio nos repliega hasta nuestros propios muros, esa fortaleza de yoísmo que hemos erigido en torno nuestro.
    La Cruz es el despojo total de si mismo y el sentido más alto del dolor humano. No puede tener esta disposición otra consecuencia, sino el triunfo definitivo.
    La pregunta es: ¿tenemos real conciencia del premio inmerecido que se nos promete al amar “escandalosamente”?
    ¿Tenemos los ojos puestos, realmente en la vida eterna? A mi me parece que no. Es más, no nos parece evidente el triunfo final ante tamaño sacrificio. Estamos en la cultura de la Ley del menor esfuerzo.
    Me parece más bien que hemos cerrado las facultades que nos permitían ver, pretender y gozar de esa promesa que se puede vivir ya como una realidad, desde la fe….. y desde la Cruz.
    La escasa relación y diálogo con Dios ha atrofiado nuestra mirada sobrenatural y la ha limitado a un espejo que sólo refleja nuestra propia imagen “enchulada” a nuestro propio antojo. Dios se debe parecer a nosotros, pensar como nosotros, amar como nosotros y tener una “sana” cuota de mezquindad, para salvar su honor, claro está.
    Que no nos haga ver como idiotas, ni nos apunte con el dedo, ni nos haga caer en la cuenta del sentido del ridículo, de nuestro propio endiosamiento.
    Que siempre nos justifique y nos proporcione la visa para irnos derechito al… cielo? o lo que sea que hay después de esta vida. Y eso, si estamos pensando que vamos a un cielo.
    He visto muchas almas vacías y resignadas a pensar que no van a ninguna parte, no se si es falta de fe o de soberana flojera…. las empresas materiales a las que están entregados parece tener más sentido y dar frutos más inmediatos en este mundo tan acelerado, antes que nos coma el tiempo.
    Qué ridículo será ese tiempo cuando nos toque enfrentar el paso hacia la eternidad!!!!!!!.
    Esa falta de visión si que es motivo de escándalo!!!!

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