La indispensable “performatividad” de la resurrección

No es fácil abordar el tema de la resurrección por la centralidad que tiene en el cristianismo. Es como si se tuviera que hablar sobre la importancia de Dios para la teología considerando que sin Dios… ¡no hay teología! Del mismo modo sin resurrección… ¡no hay cristianismo! Por eso es tanto lo que hay que decir. De ahí que haya escogido sólo los siguientes aspectos:

1º La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza. El cristianismo surgió por el anuncio de los apóstoles de la experiencia que tuvieron de Jesús resucitado, experiencia que transformó sus existencias y los llevó al compromiso hasta la muerte en ese anuncio. San Pablo lo expresa, como era su costumbre, “sin pelos en la lengua”: “Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe… Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana… Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres” (1Co 15,15.17.19). Es lo que recientemente ha afirmado Benedicto XVI en su última encíclica cuando, citando el salmo 22 “El Señor es mi pastor”, dice: “El verdadero pastor es Aquel [Jesús] que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su ‘vara y su cayado me sosiega’, de modo que ‘nada temo’ (cf. Sal 22,4), era la nueva ‘esperanza’ que brotaba en la vida de los creyentes” (Spe salvi, 6). Y es también nuestra propia esperanza hoy. La Iglesia no es un conjunto de personas que recuerdan a Jesús, sino que es la comunidad de creyentes dirigida y conducida por el Resucitado que se hace presente en ella por medio de su Espíritu. No seguimos a un muerto.

2º ¿En qué consiste la resurrección? o ¿Por qué San Pablo asevera que Jesús fue el primero de resucitar de entre los muertos (ver Hech 26,23) si en la Sagrada Escritura aparecen otras “resurrecciones” anteriores a la suya como la de Lázaro (Jn 11,1-43), del hijo de la viuda de Naím (Lc 7,11-16), la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,21-24.35-43); y varios siglos antes la resurrección del hijo de la viuda efectuada por el profeta Elías (1Re 17,17-24) y la resurrección del hijo de la sunamita efectuada por el profeta Eliseo (2Re 4,32-37)? Porque la resurrección de Jesús es radicalmente distinta a todas las demás. En palabras de San Pablo: “Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no vuelve a morir, la muerte no tiene ya dominio sobre él” (Rom 6,9). Ésa es la tremenda diferencia: por la resurrección, Jesús adquiere una vida que ya no conoce la corrupción. Todas las otras “resurrecciones” fueron volver a esta vida mortal. Se trata entonces de una vida de una calidad diferente en la que todas las limitaciones e imperfecciones han desaparecido. Es una vida plena que ya no puede ser arrebatada por la muerte, es decir, vida eterna. Esta vida eterna, que es un anhelo profundo del ser humano, no es simplemente una sucesión de días sin fin, que puede llegar a ser una lata insoportable que se convierte en tortura porque, precisamente, no tendrá fin, sino que es “como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y el después- ya no existe. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría” (Spe salvi, 12). Es la existencia completamente traspasada por el amor y alegría de la Trinidad de Dios. A esto nos invita Dios Padre por medio de Jesucristo en la fuerza vivificadora del Espíritu Santo. Esto es lo que llamamos salvación.

3º El vivir la vida de Dios, que se nos da por la resurrección de Jesús, no es sólo para el más allá sino que podemos empezar a experimentarla aquí y ahora, fundamentalmente por dos razones: a) por el bautismo hemos sido incorporados a la muerte y resurrección de Cristo por lo que podemos transitar por una vida nueva (ver Rom 6,4); b) porque el futuro afecta y determina el presente; bellamente aparece esta realidad expresada en “El Principito” cuando el zorro le dice: “Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad!” (Cap. XXI). Aplicado a nuestro tema hay que preguntarse si esta esperanza magnífica que nos da la resurrección de Jesús ilumina y anima nuestro presente, especialmente nuestras tribulaciones. Esto es lo que significa carácter “performativo” de la resurrección, su capacidad de transformación de la propia vida y de nuestro entorno. En palabras de Benedicto XVI: “La fe cristiana ¿es también para nosotros ahora una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida? ¿Es para nosotros «performativa», un mensaje que plasma de modo nuevo la vida misma, o es ya sólo «información»…? (Spe salvi, 10). Si no hay algún grado de  transformación es señal de que no hemos dejado que la resurrección de Jesús se manifieste en nosotros.

4º Por último, tres consideraciones esenciales. 1) La resurrección, fundamento de nuestra esperanza, nos lleva a comprometernos con la historia y con el mundo para transformarlos de acuerdo al proyecto de misericordia y amor de Dios. No se trata, entonces, como algunos grupos equivocadamente piensan, de un espiritualismo desencarnado y ahistórico, puesto que la resurrección es de los cuerpos y está inserta en un proceso que culminará con la transformación del mundo, no con su aniquilación. 2) No es una esperanza individualista sino comunitaria porque se trata de vida y la vida en su verdadero sentido siempre es relación (ver Spe salvi, 27). Además, porque se basa en Jesús quien entregó su vida por todos, por tanto nos abre a ser para los demás (ver Spe salvi, 28). 3) La resurrección de Jesús nos da el comienzo de una nueva vida, pero no hemos llegado todavía al final. El final será cuando venga Jesús glorioso, sean vencidas todas las limitaciones y la muerte, y Dios sea todo en todo (1Co 15,28). Por mientras, con la fuerza del Espíritu Santo, vamos caminando comunitariamente animados, alegres y agradecidos por esta magnífica esperanza que nos lleva a disfrutar de las alegrías de la vida, que son dones de Dios, y a transformar los dolores y signos de muerte nuestros y del mundo en semillas de resurrección.

5 respuestas a La indispensable “performatividad” de la resurrección

  1. Es altamente recomendable leer la última encíclica papal, sobre la Esperanza. Nunca me había quedado más clara la dimensión de la esperanza cristiana como ahora, que he leído esa encíclica.
    Una esperanza basada en la fe, y una fe movida y alimentada por la esperanza. ¿Qué harían la una sin la otra?
    En cada caída, en cada dolor, en cada experiencia de oscuridad se abre finalmente, como un capullo la esperanza en la resurrección.
    Esperar por algo que ya existe de alguna manera, que ya es real y que viviremos en plenitud al final del camino.
    Al final del camino, veremos al resucitado, al Señor de la Resurrección, al resucitador.
    Nada puede mantener más viva mi esperanza que esa imagen, esa realidad que la fe me confirma y esa verdad que el Espíritu me ilumina, en la debilidad de mi carne y mi corazón desfallecido.

  2. Profesor, he agregado en mi blog un link para acceder al suyo, y es que sus temas me parecen imperdibles, dirección obligada, creo yo.
    Si alguien pasa por mi blog, es imperdonable que no pase por el suyo!!!!!!
    No deje de escribir, por favor. Sigo alerta.

  3. abravo dice:

    Gracias Arlette por linkearme.
    Cordialmente,
    Arturo

  4. marcela vira medina dice:

    Este sitio lo conocí a través de una alumna suya, y realmente ha sido una fuente de bendición, pertenezco a la Renovación Católica Carismática, estoy en el ministerio diocesano de predicación, y he podido aclarar ideas, dar referencias en las enseñanzas de su página, espero que esto esté bien y a usted no le moleste, y por supuesto entrar más al conocimiento de Dios a través de un profesor de teología.

    La Santa Trinidad siga bendiciéndolo en su apostolado como profesor, porque se nota que en usted está el amor de transmitir la Gracia de Dios y no sólo conocimiento teologales…bendiciones marcela

  5. abravo dice:

    Marcela:
    Por supuesto que no me molesta. Para eso es la página, para prestar un servicio a todo el que le interese. Más bien me hace un favor al difundirla.
    Que el Dios Trino la bendiga abundantemente.

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